jueves, 23 de octubre de 2014



DEL JOLGORIO AL CONFLICTO

M. GUALTEROS. Bogotá, octubre 22/ 2014

 La apropiación territorial de centralidades nocturnas en barrios residenciales no deja de ser una problemática social. 


 Al salir la luna 33 bares alistan sus actividades nocturnas para recibir a los transeúntes y actuantes de la rumba; sobre la avenida de las Américas, en el barrio Aloha de la capital, la música se apodera del sector, las luces intermitentes auguran una noche de diversión, pero estas personas no se percatan que junto y al respaldo habitan personas que años atrás gozaban de tranquilidad y gran calidad de vida, ahora deben soportar la inseguridad, ruido, los malos olores, la prostitución, drogadicción y un sin número de conflictos sociales que surgen a partir de la ubicación y proliferación de estos establecimientos de alto impacto. 
 La noche sigue los bares y discotecas se empiezan a llenar, los jaladores hacen lo suyo, inducen y convencen a la gente con coctails gratuitos, música Cross over, las mujeres entran gratis y un sinnúmero de promociones, que a manera de ruego abordan a las personas para lograr clientes. 

 Hacia las 9:00 p.m. todo se intensifica, los vendedores de dulces, confitería y cigarrillo trabajan atareados entre el ruido indescifrable de canciones que estruendosamente motivan a los transeúntes a la fiesta; al caminar por el lugar se aprecian establecimientos de todo tipo, discotecas, bares, rocolas, la diversidad para poder escoger el tipo de ambiente de la noche. 
Los taxis y carros particulares se aproximan por la vía aledaña a la Avenida de las Américas, impidiendo el paso de los vehículos de los residentes del sector, que por calles deben buscar un espacio para el ingreso a sus casas; a las 10: 30 p.m. se aproxima una ambulancia, con su sirena avisa que alguien va en peligro de salud, busca llevar al herido al centro de urgencias que tratan accidentes laborales, este lugar se encuentra en medio de todos los establecimientos de alto impacto, con el trancón de autos que deja a las personas en los establecimientos de la rumba se hace un caos y es imposible el ingreso rápido de la ambulancia, poniendo en riesgo a la persona que requiere de una atención médica inmediata. 

Al tramitar por el lugar me pude percatar de una carpa en la que se prestaban primeros auxilios, ubicada en frente de tres bares que al observarlos no poseen las adecuaciones de salubridad precisas para que recorra el aire, son bodegas grandes; a una muchacha hacia las 12:00 p.m. la sacan de una de estas discotecas, con indicios de desmayo por asfixia, de inmediato la llevan para la carpa y le prestan la atención inmediata. Al averiguar, estos primeros auxilios los contratan los dueños de los bares, es una empresa de logística llamada Eureka, atiende asfixias, peleas o riñas, cuando la situación es más compleja la remiten a la Clínica del occidente que queda al frente de esta zona, en otros casos, la policía del cuadrante se apersona de la adversidad. 

Son muchos los esfuerzos que la comunidad ha realizado al respecto, han recurrido a las instancias pertinentes, logrando algunos sellamientos, el problema radica en que los dueños de estos establecimientos también forman parte de esta comunidad y hacen su debido reclamo por el derecho al trabajo, es por ello que hacen diversas peripecias para conservar el lugar, cambian de nombre las discotecas, de dueños, de ambientes, es decir, los hacen llamar club sociales, restaurantes, pero en realidad la actividad es la misma. 

Ya se va llegando el fin de la fiesta y los bares deben cerrar sus establecimientos, el alcohol y alucinógenos cumple con su función, la gente sale en un estado muy diferente al que ingresó, las riñas comienzan ha hacerse presentes, las carcajadas y gritos también, muchos quieren seguir la rumba, compran licores en expendios cercanos y se dirigen al parque del barrio, allí el bullicio continua, los residentes no pueden conciliar el sueño, la intranquilidad e inseguridad se apoderan del sector, una vivencia continua desde el miércoles hasta la madrugada del domingo de cada semana del año. Esta situación afecta a varios sectores de la ciudad, en donde la apropiación del espacio residencial por parte de establecimientos de alto impacto atrae gran cantidad de problemáticas, propiciando que los mismos propietarios de las viviendas se vean desplazados de su entorno porque no hay una solución por parte de las instancias reguladoras que tome cartas en el asunto y de alternativas que mitiguen este flagelo que aqueja a nuestra sociedad.

Ver entrevistas actores de la problemática






viernes, 26 de septiembre de 2014

LOS DEMÁS TAMBIÉN CUENTAN

La aproximación a la comunidad del barrio Aloha de la localidad de Kennedy de la ciudad de Bogotá, deja en evidencia la consternación existente por el flagelo que se viene presentando acerca de la apropiación territorial por parte de establecimientos de alto impacto como bares y expendios de licor en esta zona residencial; ellos manifiestan en su representación de los miembros de la Junta de Acción Comunal, las problemáticas a las que se han venido enfrentando desde la proliferación de los mismos, como lo son la inseguridad, prostitución, drogadicción, niveles de ruido alto que dañan la tranquilidad y salud de los residentes, etc; estas vicisitudes sociales han propiciado que los propietarios de estas viviendas sean desplazados, puesto que han tenido que vender sus propiedades y dejar de convivir en este entorno para obtener una mejor calidad de vida y ofrecer la misma a sus familias.

Las redes sociales y medios de comunicación masivos, más explícitamente de la capital, han difundido la noticia, recurriendo a la Alcaldía local de Kennedy, la Policía Nacional del cuadrante respectivo, las instancias competentes que abordan estos temas como la veeduría, UPZ,  entre otros, indican que los residentes reclaman su derecho a la tranquilidad y seguridad, pero por otro lado, los dueños de estos establecimientos de alto impacto manifiestan que tienen derecho al trabajo y que no incurren en ningún delito o problemática que implique el cierre definitivo o el traslado de estos bares y discotecas; por otro lado, según la Comandante del Cuadrante Martha Selene  Lozada, encargada del departamento de seguridad de la Alcaldía Local de Kennedy, indica que  a la fecha se han cerrado 18 establecimientos por que no cumplen con los requerimientos de sanidad y 33 de los bares y discotecas están en proceso jurídico.

Se han realizado diversas redadas encontrando varias anomalías, como el cambio de razón social, nombres de establecimientos o de propietarios, puesto que las mínimas normas de salubridad no son cumplidas. Los residentes han acudido a los medios de comunicación, han realizado manifestaciones  pacíficas como reconocimiento del espacio público, cerrando la vía principal de las Américas con el fin de hacer conocer el problema que los aqueja, estas han sido televisadas, para realizar un paralelo de situaciones similares que ocurren en otras partes de la ciudad.


Es fundamental indicar que no ha sido difundida la problemática social de la forma en la que se debería, esto porque existen muchos intereses de por medio, a pesar de estar involucradas instancias legales y judiciales, la tramitación y efecto ha sido en procesos muy lentos y muchos de ellos han prescrito por tales dilataciones.

martes, 16 de septiembre de 2014

YA NO ES UNA FIESTA




En la actualidad existe un flagelo social,  la apropiación del suelo por parte de establecimientos nocturnos o expendios de licor, los cuales se ubican en zonas de bajo impacto, afectando la salud, tranquilidad y seguridad de las personas que allí habitan.
Este fenómeno se presenta en el barrio Aloha, ubicado en la Av. de las Américas entre las Av. Boyacá y Av 68, este barrio es un sector únicamente residencial y su territorio, según la UPZ Bavaria y la Veeduría,  está destinado para bajo impacto, es decir, actividades comerciales comprendidas como droguerías, minimercados, ferreterías, restaurantes, entre otros.

Esta centralidad nocturna no sólo se caracteriza por los indicadores socio- económicos,  posee otros aspectos particulares, el gran bullicio indescifrable, la mezcla de olores entre comida, cigarrillo y orina que se dispersan en este ambiente, las distintas temáticas de los establecimientos, “jaladores”, vendedores ambulantes, personas de logística; publicidad, meseros, administradores, tequileras, animadores y disc jockey.

Esta situación ha permitido evidenciar otras problemáticas que se presentan en torno a esta problemática, como los altos índices de inseguridad, venta de alucinógenos, contaminación auditiva, visual,  devaluación  de las residencias, contaminación del medio ambiente debido a humo del cigarrillo y alteración de la tranquilidad de los residentes, esto último propicia el desplazamiento de los dueños de las casas, quienes en el afán de conseguir una mejor calidad de vida han debido vender sus propiedades para encontrar lugares dignos en donde sus hijos puedan crecer.

La comunidad en representación por la Junta de Acción Comunal, apoyados por la Alcaldía local y otras instituciones legales pertinentes, hacen frente a esta situación; verifican la situación actual de cada uno de los bares, sus requerimientos y necesidades, pues también hacen parte de la comunidad y a su vez, poseen derecho al trabajo para solventar las necesidades económicas y el sustento de las familias.

Por otro lado, los dueños de dichos establecimientos indican no estar causando molestia a la comunidad, ni a las clínicas cercanas; al verse implicados en demandas y querellas cambian la razón social de sus negocios, a corporaciones privadas, evadiendo la ley.


Es preciso espacios de conciliación entre habitantes del barrio y dueños de bares y discotecas, guiados por las instituciones pertinentes, en donde se logre una concienciación que mitigue el flagelo y que poco a poco lo erradique para que estas inconformidades no se sigan presentando en otros barrios de otras localidades y que estos establecimientos de alto impacto, que también tienen derechos comerciales, sean ubicados en sectores apropiados, en donde la gente que desee acudir a espacios de diversión nocturna, lo hagan de manera apropiada sin afectar a ninguna comunidad.