DEL JOLGORIO AL CONFLICTO
M. GUALTEROS. Bogotá, octubre 22/ 2014
La apropiación territorial de centralidades nocturnas en barrios residenciales no deja de ser una problemática social.
Al salir la luna 33 bares alistan sus actividades nocturnas para recibir a los transeúntes y actuantes de la rumba; sobre la avenida de las Américas, en el barrio Aloha de la capital, la música se apodera del sector, las luces intermitentes auguran una noche de diversión, pero estas personas no se percatan que junto y al respaldo habitan personas que años atrás gozaban de tranquilidad y gran calidad de vida, ahora deben soportar la inseguridad, ruido, los malos olores, la prostitución, drogadicción y un sin número de conflictos sociales que surgen a partir de la ubicación y proliferación de estos establecimientos de alto impacto.
La noche sigue los bares y discotecas se empiezan a llenar, los jaladores hacen lo suyo, inducen y convencen a la gente con coctails gratuitos, música Cross over, las mujeres entran gratis y un sinnúmero de promociones, que a manera de ruego abordan a las personas para lograr clientes.
Hacia las 9:00 p.m. todo se intensifica, los vendedores de dulces, confitería y cigarrillo trabajan atareados entre el ruido indescifrable de canciones que estruendosamente motivan a los transeúntes a la fiesta; al caminar por el lugar se aprecian establecimientos de todo tipo, discotecas, bares, rocolas, la diversidad para poder escoger el tipo de ambiente de la noche.
Los taxis y carros particulares se aproximan por la vía aledaña a la Avenida de las Américas, impidiendo el paso de los vehículos de los residentes del sector, que por calles deben buscar un espacio para el ingreso a sus casas; a las 10: 30 p.m. se aproxima una ambulancia, con su sirena avisa que alguien va en peligro de salud, busca llevar al herido al centro de urgencias que tratan accidentes laborales, este lugar se encuentra en medio de todos los establecimientos de alto impacto, con el trancón de autos que deja a las personas en los establecimientos de la rumba se hace un caos y es imposible el ingreso rápido de la ambulancia, poniendo en riesgo a la persona que requiere de una atención médica inmediata.
Al tramitar por el lugar me pude percatar de una carpa en la que se prestaban primeros auxilios, ubicada en frente de tres bares que al observarlos no poseen las adecuaciones de salubridad precisas para que recorra el aire, son bodegas grandes; a una muchacha hacia las 12:00 p.m. la sacan de una de estas discotecas, con indicios de desmayo por asfixia, de inmediato la llevan para la carpa y le prestan la atención inmediata. Al averiguar, estos primeros auxilios los contratan los dueños de los bares, es una empresa de logística llamada Eureka, atiende asfixias, peleas o riñas, cuando la situación es más compleja la remiten a la Clínica del occidente que queda al frente de esta zona, en otros casos, la policía del cuadrante se apersona de la adversidad.
Son muchos los esfuerzos que la comunidad ha realizado al respecto, han recurrido a las instancias pertinentes, logrando algunos sellamientos, el problema radica en que los dueños de estos establecimientos también forman parte de esta comunidad y hacen su debido reclamo por el derecho al trabajo, es por ello que hacen diversas peripecias para conservar el lugar, cambian de nombre las discotecas, de dueños, de ambientes, es decir, los hacen llamar club sociales, restaurantes, pero en realidad la actividad es la misma.
Ya se va llegando el fin de la fiesta y los bares deben cerrar sus establecimientos, el alcohol y alucinógenos cumple con su función, la gente sale en un estado muy diferente al que ingresó, las riñas comienzan ha hacerse presentes, las carcajadas y gritos también, muchos quieren seguir la rumba, compran licores en expendios cercanos y se dirigen al parque del barrio, allí el bullicio continua, los residentes no pueden conciliar el sueño, la intranquilidad e inseguridad se apoderan del sector, una vivencia continua desde el miércoles hasta la madrugada del domingo de cada semana del año.
Esta situación afecta a varios sectores de la ciudad, en donde la apropiación del espacio residencial por parte de establecimientos de alto impacto atrae gran cantidad de problemáticas, propiciando que los mismos propietarios de las viviendas se vean desplazados de su entorno porque no hay una solución por parte de las instancias reguladoras que tome cartas en el asunto y de alternativas que mitiguen este flagelo que aqueja a nuestra sociedad.
Ver entrevistas actores de la problemática
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