En la actualidad existe
un flagelo social, la apropiación del
suelo por parte de establecimientos nocturnos o expendios de licor, los cuales
se ubican en zonas de bajo impacto, afectando la salud, tranquilidad y
seguridad de las personas que allí habitan.
Este fenómeno se
presenta en el barrio Aloha, ubicado en la Av. de las Américas entre las Av.
Boyacá y Av 68, este barrio es un sector únicamente residencial y su
territorio, según la UPZ Bavaria y la Veeduría, está destinado para bajo
impacto, es decir, actividades comerciales comprendidas como droguerías, minimercados,
ferreterías, restaurantes, entre otros.
Esta centralidad
nocturna no sólo se caracteriza por los indicadores socio- económicos,
posee otros aspectos particulares, el gran bullicio indescifrable, la mezcla de
olores entre comida, cigarrillo y orina que se dispersan en este ambiente, las
distintas temáticas de los establecimientos, “jaladores”, vendedores
ambulantes, personas de logística; publicidad, meseros, administradores,
tequileras, animadores y disc jockey.
Esta situación ha permitido
evidenciar otras problemáticas que se presentan en torno a esta problemática,
como los altos índices de inseguridad, venta de alucinógenos, contaminación
auditiva, visual, devaluación de las residencias, contaminación del
medio ambiente debido a humo del cigarrillo y alteración de la tranquilidad de
los residentes, esto último propicia el desplazamiento de los dueños de las
casas, quienes en el afán de conseguir una mejor calidad de vida han debido
vender sus propiedades para encontrar lugares dignos en donde sus hijos puedan
crecer.
La comunidad en
representación por la Junta de Acción Comunal, apoyados por la Alcaldía local y
otras instituciones legales pertinentes, hacen frente a esta situación; verifican
la situación actual de cada uno de los bares, sus requerimientos y necesidades,
pues también hacen parte de la comunidad y a su vez, poseen derecho al trabajo
para solventar las necesidades económicas y el sustento de las familias.
Por otro lado, los
dueños de dichos establecimientos indican no estar causando molestia a la
comunidad, ni a las clínicas cercanas; al verse implicados en demandas y
querellas cambian la razón social de sus negocios, a corporaciones privadas,
evadiendo la ley.
Es preciso espacios de
conciliación entre habitantes del barrio y dueños de bares y discotecas,
guiados por las instituciones pertinentes, en donde se logre una concienciación
que mitigue el flagelo y que poco a poco lo erradique para que estas
inconformidades no se sigan presentando en otros barrios de otras localidades y
que estos establecimientos de alto impacto, que también tienen derechos
comerciales, sean ubicados en sectores apropiados, en donde la gente que desee
acudir a espacios de diversión nocturna, lo hagan de manera apropiada sin afectar
a ninguna comunidad.

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