martes, 16 de septiembre de 2014

YA NO ES UNA FIESTA




En la actualidad existe un flagelo social,  la apropiación del suelo por parte de establecimientos nocturnos o expendios de licor, los cuales se ubican en zonas de bajo impacto, afectando la salud, tranquilidad y seguridad de las personas que allí habitan.
Este fenómeno se presenta en el barrio Aloha, ubicado en la Av. de las Américas entre las Av. Boyacá y Av 68, este barrio es un sector únicamente residencial y su territorio, según la UPZ Bavaria y la Veeduría,  está destinado para bajo impacto, es decir, actividades comerciales comprendidas como droguerías, minimercados, ferreterías, restaurantes, entre otros.

Esta centralidad nocturna no sólo se caracteriza por los indicadores socio- económicos,  posee otros aspectos particulares, el gran bullicio indescifrable, la mezcla de olores entre comida, cigarrillo y orina que se dispersan en este ambiente, las distintas temáticas de los establecimientos, “jaladores”, vendedores ambulantes, personas de logística; publicidad, meseros, administradores, tequileras, animadores y disc jockey.

Esta situación ha permitido evidenciar otras problemáticas que se presentan en torno a esta problemática, como los altos índices de inseguridad, venta de alucinógenos, contaminación auditiva, visual,  devaluación  de las residencias, contaminación del medio ambiente debido a humo del cigarrillo y alteración de la tranquilidad de los residentes, esto último propicia el desplazamiento de los dueños de las casas, quienes en el afán de conseguir una mejor calidad de vida han debido vender sus propiedades para encontrar lugares dignos en donde sus hijos puedan crecer.

La comunidad en representación por la Junta de Acción Comunal, apoyados por la Alcaldía local y otras instituciones legales pertinentes, hacen frente a esta situación; verifican la situación actual de cada uno de los bares, sus requerimientos y necesidades, pues también hacen parte de la comunidad y a su vez, poseen derecho al trabajo para solventar las necesidades económicas y el sustento de las familias.

Por otro lado, los dueños de dichos establecimientos indican no estar causando molestia a la comunidad, ni a las clínicas cercanas; al verse implicados en demandas y querellas cambian la razón social de sus negocios, a corporaciones privadas, evadiendo la ley.


Es preciso espacios de conciliación entre habitantes del barrio y dueños de bares y discotecas, guiados por las instituciones pertinentes, en donde se logre una concienciación que mitigue el flagelo y que poco a poco lo erradique para que estas inconformidades no se sigan presentando en otros barrios de otras localidades y que estos establecimientos de alto impacto, que también tienen derechos comerciales, sean ubicados en sectores apropiados, en donde la gente que desee acudir a espacios de diversión nocturna, lo hagan de manera apropiada sin afectar a ninguna comunidad.



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